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¿Cuándo puedo saber que los videojuegos son un problema?
¿Cuándo puedo saber que los videojuegos son un problema?

VIDEOJUEGOS

¿Cuándo puedo saber que los videojuegos son un problema?

Cada vez son más los padres los que se preocupan por el daño que pueden causar los videojuegos a sus hijos.

Desde hace unas décadas el desarrollo de las nuevas tecnologías ha permitido que los pequeños disfruten de los juegos de una forma diferente, de forma virtual. Con el paso de los años su evolución es cada vez más veloz. Ya no tiene nada que ver aquella vieja Nintendo con las nuevas consolas que permiten jugar en entornos de realidad virtual o con una persona al otro lado del globo gracias a la omnipresente conexión a internet.

Esta nueva realidad de los videojuegos ha generado nuevas preocupaciones en los padres. Mientras que hubo un tiempo en el que prevalecía la salida al parque a jugar, ahora es más común que los niños prefieran quedarse en casa y disfrutar de una fuente de estimulación con la que la realidad cotidiana a duras penas puede competir.

Estas nuevas preocupaciones sobre el tiempo invertido en los videojuegos a veces constituyen un verdadero problema que interfiere en el funcionamiento del niño y la familia. El aumento de la frecuencia de estos problemas en las consultas clínicas ha llevado a los profesionales a investigar sobre ello.

El trastorno por videojuegos

A principios del 2017, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que estaba valorando la posibilidad de incluir el trastorno por videojuegos en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). A pesar de las críticas de muchos expertos, finalmente se ha incluido en la nueva versión publicada en 2018 (CIE-11).

El trastorno por videojuegos ("Gaming disorder") se refiere al "uso de juegos digitales o videojuegos, ya sea mediante conexión a Internet o sin ella". El resto de características, que la persona debería cumplir durante al menos un año, se semejan mucho a los trastornos adictivos clásicos referidos a las sustancias y al juego de apuestas ("Gambling disorder").

Este trastorno entraría dentro de las denominadas "adicciones conductuales" que, en términos comunes, se pueden definir como conductas relacionadas con el uso de medios tecnológicos de forma repetida que genera dependencia psicológica y pérdida de control.

El tiempo que resulta problemático depende de la edad de la personaEl tiempo que resulta problemático depende de la edad de la persona
El tiempo que resulta problemático depende de la edad de la persona[/cimg]

Características de la adicción a los videojuegos

Las características clínicas que pueden indicar la presencia de un problema con los videojuegos son:

  • El empleo de un tiempo excesivo que oscila entre cuatro y ochenta horas a la semana con sesiones que pueden prolongarse hasta veinte horas. El tiempo que resulta problemático depende de la edad de la persona y de las otras actividades que impida el juego.
  • La alteración de los patrones de sueño.

  • El uso de estimulantes (desde cafeína a otros más agresivos) con el fin de prolongar el tiempo de juego.

  • La presencia de fatiga excesiva.

  • El deterioro del rendimiento académico o laboral.

  • La ocultación del comportamiento problemático.

  • Un mayor número de problemas de salud. En muchas ocasiones relacionados con un aumento de peso por el sedentarismo y la mala alimentación frecuentemente asociada.

Las alteraciones asociadas a las adicciones conductuales afectan a todos los niveles:

  • Nivel fisiológico: son frecuentes las dificultades para descansar o relajarse, al ansiedad, el deterioro del estado general, alteraciones en la alimentación y el sueño, agitación e irritabilidad (mucho más intensa en adolescentes).
  • Nivel cognitivo: toda la atención se centra en la conducta de juego. Las preocupaciones en torno a los videojuegos son recurrentes y obsesivas, aparece el pensamiento mágico (creencias irracionales sobre el control que se tiene sobre el juego), el razonamiento restringido y la confusión mental entre juego y realidad.

  • Nivel emocional: sentimientos de culpa, negación y/o ocultación de la conducta frente a uno mismo y ante los demás. La afectividad se vuelve mucho más pobre (las emociones se aplanan) y se sufren cambios bruscos de humor.

  • Nivel ambiental: aislamiento, disminución o desaparición de otras formas de ocio, desmotivación, bajo rendimiento escolar o profesional en el caso de personas que trabajen, pérdida y deterioro de las relaciones importantes.

Recomendaciones para el tratamiento

Si nuestro hijo pequeño o adolescente juega demasiado tiempo de forma que afecta a su día a día y a la convivencia familiar. Estos son algunos consejos para impedir que vaya a más:

  • Romper los hábitos de juego: si lo común es que el niño se ponga a jugar en cuanto entra a casa después de las actividades escolares, podemos intentar romper este hábito y sugerir que lo haga después de la cena, del baño o tras contarnos qué tal ha ido el día. Para ello hay que conocer bien cuáles son sus horarios y que estos son excesivos o perjudiciales.
  • Fijar metas: establecer un horario de juego que sea realista y resultado de una negociación con los más pequeños.

  • Utilizar interruptores externos: es útil el uso de instrumentos para controlar el tiempo como alarmas o relojes.

  • Alabar y reforzar las actividades alternativas: si reducimos el tiempo dedicado a los videojuegos el niño tendrá un montón de tiempo libre para otras actividades. Es importante que estas sean adecuadas y placenteras para el niño. Si estas nuevas actividades son compartidas pueden ser muy satisfactorias para todos.

  • Hay muchos millones de personas que juegan a videojuegos y disfrutan de ellos enormemente de forma saludableHay muchos millones de personas que juegan a videojuegos y disfrutan de ellos enormemente de forma saludable

  • Abstinencia de un juego específico: es caso de que el problema sea grave y con un juego específico podría plantearse la retirada del mismo al menos durante un tiempo. Pudiendo volverse a jugar más adelante en un horario restringido.

Un mensaje tranquilizador

La inclusión de este diagnóstico por parte de la OMS ha hecho que muchos profesionales se manifiesten en contra porque lo consideran un mensaje alarmista a las familias. La visión de los videojuegos como una potencial adicción puede convertir en patológico muchas conductas que no lo son.

Como ocurre con muchos diagnósticos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) que en realidad son problemas de conducta que vienen de otros problemas, les preocupa que se califique a muchos niños y adolescentes como poseedores de un trastorno o enfermedad mental erróneo.

Hay muchos millones de personas que juegan a videojuegos y disfrutan de ellos enormemente de forma saludable. Son fuente de creatividad y más allá del ocio, pueden tener valor educacional y terapéutico. Además, para los niños y adolescentes de hoy son una forma más de socialización al igual que lo son teléfonos.

Estas características hacen que prohibirlos pueda ser muy perjudicial a nivel social y eso llevar a otros problemas (por ejemplo, que el niño tenga dificultades para hacer amigos). Esto no quiere decir que no se deban poner límites.

De igual forma que hay un horario para ir al parque, es recomendable que exista un horario de juego. El acceso más sencillo a los videojuegos o Internet suele hacer que este aspecto se descuide.

Por otro lado, es muy importante que los padres y madres sean un modelo para los más pequeños. Aprenden mucho de nosotros y es poco probable que decidan leer un libro como alternativa a los videojuegos si nos ven también de forma constante ante las pantallas. Tampoco es común que elijan el deporte si no se ha fomentado desde su entorno.

De todas formas, si creemos que los videojuegos son un problema y con nuestras herramientas no somos capaces de cambiar la situación, lo mejor es acudir a un profesional de la salud mental.

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