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Avergonzar a tus hijos no es educarles
Avergonzar a tus hijos no es educarles

EDUCACIÓN

Avergonzar a tus hijos no es educarles

Si sueles avergonzar a tus hijos intentando educarles o darles alguna lección... ¡Estás yendo por el mal camino!

Es posible que no pocas veces hayas visto a padres que han avergonzando a sus hijos en público o en internet solo con la finalidad de que no repitan un comportamiento indeseado. Esto puede parecer efectivo al principio pero en realidad, solo agrava el comportamiento y tiene terribles consecuencias emocionales en los hijos... además que también puede tener un efecto muy negativo en tu relación con ellos.

Avergonzar a los niños

Si no sabes qué puede significar avergonzar a un niño, estos son ejemplos claros:

  • Contar cosas que le den vergüenza o que sean íntimas solo para manipular su actitud o comportamiento
  • Decirle que harás público cosas que deberían quedarse en privado (a través de medios sociales)
  • Hacer que el niño se sienta mal consigo mismo (de forma intencionada) en lugar de centrarte en el comportamiento real que intentas cambiar

Estas técnicas pueden parecer que funcionan al principio pero es contraproducente y no se deben utilizar. El alcance de las redes sociales pueden ser más peligrosas que nunca. Avergonzar a los hijos destruye su confianza y su autoestima... y el comportamiento no se elimina.

La culpa se siente cuando se hace algo malo y cuando se siente vergüenza los niños se sienten que son malosLa culpa se siente cuando se hace algo malo y cuando se siente vergüenza los niños se sienten que son malos

Culpa vs. Vergüenza

Lo que es confuso para los padres es que los pensamientos y sentimientos sí influyen en el comportamiento. Por ejemplo, si gritas a tus hijos y después te has sentido culpable o te has arrepentido, esos sentimientos pueden ser suficientes para cambiar el comportamiento. Aunque es necesario marcar la diferencia entre la culpa y la vergüenza.

La culpa se siente cuando se hace algo malo y cuando se siente vergüenza los niños se sienten que son malos. A los niños no hay que hacerles sentirles culpable ni tampoco avergonzarles.

Avergonzar a los hijos nunca funciona

Avergonzar a los niños también es peligroso porque la vergüenza es un sentimiento que se mantiene y dura mucho tiempo. La vergüenza dañará la autoestima de tus hijos y tu relación a corto y largo plazo con él.

Si alguna vez has avergonzado a tu hijo públicamente es imprescindible que te disculpes lo antes posible de corazón. Tus hijos necesitan ver que eres humano, que te has equivocado y que vas a asumir los errores que comiste. Dile también que nunca volverá a suceder. Esto tendrá un efecto reparador en vuestra relación para que puedas comenzar a aprovechar la conexión como el "arma" más grande para influir en el comportamiento de tu hijo y no para avergonzarlo.

Algunos padres pueden decir palabras sin mala intención Algunos padres pueden decir palabras sin mala intención

Palabras que debes evitar

Algunos padres pueden decir palabras sin mala intención pero es importante que se tome consciencia para evitar que estas palabras puedan dañar a tus hijos. Algunas palabras o frases que nunca deberás pronunciar delante de tus hijos son:

  • Qué malo que eres
  • Eres como tu madre (o tu padre)
  • No sé por qué me molesto contigo
  • Ya no puedo más contigo, haz lo que quieras
  • Deberías irte a vivir con... (nombre de otra persona)
  • Me agotas, vete a tu cuarto y déjame en paz

Cómo influir en el comportamiento de los hijos sin avergonzarles

La mejor herramienta que tienes para influir en el comportamiento de tus hijos eres tú y tu comportamiento. Si quieres reforzar el vínculo entre vosotros entonces tendrás que mostrarles que eres capaz de aprender de tus errores. Cuando tus hijos decidan no hacerte caso, tendrás que hablar con ellos sobre esas elecciones y las consecuencias que tendrán. También deberás enseñarles las estrategias para que lo hagan de diferente forma la próxima vez. Algunas frases que pueden influir en el comportamiento de tus hijos son:

  • Me gustaría que me cuentes cómo pasó
  • ¿Cómo te ha hecho sentir esto?
  • ¿Qué podrías haber hecho diferente?
  • ¿Qué harás la próxima vez?
  • ¿Cómo te puedo ayudar?
  • ¿Crees que lo que has hecho está bien?
  • Si has hecho daño a alguien, ¿cómo crees que podrías remendar el error?

Recuerda que el objetivo de estas preguntas no es avergonzarle, si no hacerle reflexionar sobre qué puede hacer para mejorar la situación la próxima vez.

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