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Mi hijo ha dejado de hablar, ¿qué le ocurre?
Mi hijo ha dejado de hablar, ¿qué le ocurre?

MUTISMO

Mi hijo ha dejado de hablar, ¿qué le ocurre?

EL mutismo selectivo no es capricho del niño, ni tampoco un trastorno del lenguaje, y suele ocurrir en niños propensos a la ansiedad.

Muchos padres se asombran cuando su hijo pequeño sin previo aviso deja de hablar de un día para otro. No se explica como un niño que hablaba de manera normal (o al menos decía algunas frases) decide dejar de hacerlo. Usualmente este fenómeno se da en otros contextos distintos al familiar o cuando viene gente desconocida a casa. A este fenómeno se le llama "mutismo selectivo". Es un trastorno de ansiedad que suele desarrollarse en niños y les impide hablar en situaciones sociales, en las que se espere que hable, como por ejemplo la escuela. Mientras tanto, en los ambientes en los que está cómodo y con gente conocida puede hacerlo perfectamente.

El mutismo no es consecuencia de otros trastornos del lenguaje como la tartamudez o los trastornos generalizados del desarrollo, sino que es un problema en sí mismo, sin embargo a veces si que puede ser concomitante a otros trastornos como la esquizofrenia o trastornos de la ansiedad. Es común que aparezca durante la escolarización infantil, cuando se espera que el niño empiece a interaccionar socialmente con sus iguales u otros adultos como los profesores. Tiende a aparecer en niños que son propensos a la ansiedad, normalmente con padres que también lo son. Los niños que son nerviosos también suelen ser dependientes de los padres debido a la cantidad de miedos que tienen, que les impide soltarse, por eso, a medida estos niños suelen ser rígidos, muy tímidos (aunque también hay casos donde no), con poca autoestima, gran dosis de irritabilidad y frecuentes pataletas.

Tu hijo tendrá mutismo selectivo si en esas situaciones sociales ves que se queda paralizado, sin una expresión facial definida (no sonríe, no se enfada...) y presenta mutismo. Cuando son algo mayores suelen utilizar otros métodos alternativos para comunicarse, como escribiéndolo en un papel, señalando o susurrando en el oído lo que quieren.

¿Por qué ocurre?

El mutismo selectivo es un trastorno incomprendido porque muchos adultos piensan que los niños no hablan por capricho. Sin embargo, no es así, tiene una explicación biológica.

No debemos culpar al niño ni pensar que lo hace por caprichoNo debemos culpar al niño ni pensar que lo hace por capricho

La amígdala es una región del cerebro que se encarga de procesar las señales de miedo que nos llegan a través de los sentidos, encargándose de que el cuerpo se prepare para defenderse ante esas señales de alarma. Bien, esto ocurre en todas las personas, sin embargo, en las que son muy ansiosas su amígdala puede activarse más frecuentemente, incluso en situaciones que no resultan un peligro potencial para el sujeto. Esto mismo ocurre en los niños. Interpretan esa situación social como un peligro y su amígdala procesas los estímulos como si fuesen peligrosos, dando lugar a que el cuerpo se prepare para un peligro extremo. De esta forma, el niño no consigue superar el miedo y se queda paralizado, no es algo que pueda realmente controlar. Por eso, insistir en que hable en estas situaciones es inútil y solo le paralizará más.

La gente puede comprender que alguien tenga miedo al agua, no le van a obligar a tirarse a la piscina. También entienden que si tienes miedo a los perros no te apetezca acariciar uno. Sin embargo, les cuesta entender porque una persona no habla si no tiene problemas en los órganos fonatorios.

Otros profesionales creen erróneamente que el mutismo forma parte de un comportamiento oposicionista desafiante por parte del niño. Puede darse también en estos casos pero entonces no sería mutismo selectivo, solo la negación del niño de no querer hablar como una forma de enfrentarse a los adultos. En el mutismo selectivo el niño no lo puede controlar porque la respuesta de miedo que da la amígdala se lo impide. Es más, la mayoría de estos niños están desesperados por hablar, quieren comunicarse con sus compañeros y responder a las expectativas de sus profesores.

¿Existe tratamiento?

Sí existe. Actualmente el tratamiento de elección es el de corte conductual por ser el que mejores resultados ha obtenido hasta el momento. El objetivo de este tratamiento es ir exponiendo poco a poco al niño a diferentes situaciones sociales para que ese miedo se vaya disipando. La terapia tiene que incluir también el área escolar y social, y va dirigida principalmente a disminuir la ansiedad que el niño siente ante determinadas situaciones sociales, por ejemplo aquellas en las que se cree que está siendo evaluado o es el centro de atención. También se dirige a mejorar las habilidades sociales del niño creando situaciones en las que el niño desee comunicarse en ambientes y con personas distintas a las habituales. Todo esto desde un punto de vista psicopedagógico.

El mutismo selectivo necesita un tratamiento psicológico conductualEl mutismo selectivo necesita un tratamiento psicológico conductual

Algunas de las técnicas que se ponen en práctica es la inmersión gradual en las situaciones que le producen miedo, utilizar cintas y grabaciones del propio niño que servirán de auto-modelo, externalizar el trastorno y un sinfín de técnicas que le enseñarán a reducir la ansiedad a la comunicación verbal.

Por otro lado, en otros países como en Estados Unidos el tratamiento va acompañado de medicación para acelerar el proceso, aunque llegados a este punto uno debe plantearse donde está el límite y lo que está dispuesto a permitir. En nuestra opinión dar medicación a un niño como apoyo a la terapia (obviamente la medicación sin terapia psicológica no sirve de nada) solo tapa los síntomas temporalmente porque el niño hablará porque sus niveles de ansiedad se reducen temporalmente. Sin embargo, lo ideal es que sean ellos mismos quienes aprendan a rebajarlos. Las técnicas de relajación son útiles y ayudan a que puedan controlar su ansiedad.

¿Qué pueden hacer los padres?

- Implicarse en la terapia, siguiendo todas las pautas y recomendaciones que de el psicólogo. Deben practicar con elloslas habilidades sociales todos los días e intentar fomentar situaciones sociales con otros niños de su edad. Llevarlo al parque, al cine con un primo o vecino de su edad.

- Mantener un diálogo abierto con la escuela y el profesor para explicarle la situación del menor y cuales son las medidas adecuadas para la escuela, informar sobre los avances que poco a poco van teniendo lugar, ...

- Reforzar todos los avances que hace el niño, por pequeños que sean, que vea que todo esfuerzo cuenta. El niño tiene que ser consciente de qe va mejorando para que pueda implicarse en la terapia. En cuanto él vea que poco a poco va consiguiendo hablar se va a envalentonar y será el mismo quien inicie las conversaciones en distintos ambientes.

- Intentar abrir su círculo de amistades buscando a otros niños que puedan tener gustos parecidos, por ejemplo apuntándole a actividades, talleres de la comunidad, etc.

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