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7 cosas en las que debemos dar ejemplo a nuestros hijos
7 cosas en las que debemos dar ejemplo a nuestros hijos

CRIANZA

7 cosas en las que debemos dar ejemplo a nuestros hijos

Los niños y niñas aprenden muchas de sus conductas por la observación o imitación de sus padres y madres, por ello debemos de darles buenos ejemplos a seguir.

No podemos pretender ser las madres o padres perfectos, porque las personas somos muy diversas y no somos mejores ni peores, sólo distintos. Además, como bien dice el dicho popular, los hijos e hijas "no vienen con un manual de instrucciones", por lo que no podemos culparnos de cómo criamos a nuestros hijos porque siempre lo hacemos con la mejor intención y cariño del mundo.

Aun así, sí que podemos intentar ser reflexivos y pensar qué cosas queremos y no queremos transmitir a nuestros hijos. Qué conductas o hábitos queremos prevenir en su etapa infantil, adolescente y/o adulta, y cómo podemos hacerlo. Desde la psicología se ha venido estudiando cómo aprendemos las personas nuestras conductas, sobre todo en la infancia, y en este marco se ha investigado lo que se llama aprendizaje vicario. Este es el aprendizaje que adquirimos a través de la observación y la imitación, y se ha demostrado que es un factor muy importante en el desarrollo de los niños y adolescentes.

Está claro que cualquier valor o hábito que queramos inculcar en nuestros hijos, deben de aprenderlo de nuestro comportamiento del día a día. Y lo que no queremos que hagan, tampoco nos deben ver a nosotros hacerlo de manera frecuente, porque entonces estaremos enviando mensajes contradictorios. Aquí os dejamos 7 ejemplos de conductas que deberíamos enseñar o evitar en nuestros hijos e hijas, pero podemos aplicar a otras muchas cuestiones que se nos ocurran.

Si quieremos que nuestros hijos coman de todo, debemos hacerlo nosotros tambiénSi quieremos que nuestros hijos coman de todo, debemos hacerlo nosotros también

1. Se amable con la gente

Cuando vayamos a un establecimiento o tengamos que hacer cualquier actividad que implique interacción con otras personas, debemos de ser lo más amables posibles. No se trata de ser confiados, ni siquiera de aguantar las situaciones injustas, simplemente, de sonreír y decir "hola" y "adiós" cuando entramos en una tienda o hacemos una gestión. Nuestros hijos e hijas aprenderán a tratar bien a las personas y a no sentirse superiores a los demás. Además, las conductas afables facilitan que recibamos el mismo trato, lo cual genera un entorno más positivo. Y es importante tener presente que este ejemplo debe ser aplicado en padres y madres, ya que clásicamente se espera que sea la mujer la que siempre reciba a los demás con una sonrisa y al hombre se le permite ser más serio.

2. Lee delante de ellos

Quizá no nos guste la lectura, pero el simple hecho de sentarnos un rato a leer el periódico u ojear una revista es una actividad que podemos enseñar a nuestros hijos. Como sabemos, ellos tienden a copiar a sus padres, y muchas veces lo que ocurre es que una actividad que se realiza en el hogar se vuelve normal y natural para ellos y entonces la adoptan también. Anímales a que te acompañen leyendo uno de sus cuentos favoritos.

3. Dedícales tiempo cuando te necesiten

No es necesario ser un padre o madre dedicado por entero a nuestros hijos, porque tanto ellos como nosotros necesitamos autonomía y espacio. Sin embargo, cuando necesiten nuestra ayuda y atención debemos dársela aunque tengamos obligaciones laborales o de otro tipo, porque así aprenderán a confiar en las personas de su alrededor y a hacer lo mismo cuando otra persona les necesite a ellos o ellas.

4. No perpetúes los roles de género

Si nuestra familia está formada por el modelo de pareja heterosexual y enseñamos a nuestros hijos e hijas que la mamá es la que se encarga de las tareas del hogar en una proporción mayor, a la vez que es la que cuida de los niños cuando están enfermos, también de los abuelos, etc., y que el papá es quien hace los arreglos del hogar, el que riñe cuando pasa algo serio, el que trae más dinero a casa, el más fuerte, etc., estamos naturalizando una situación de desigualdad. Como pareja, estos roles de género no sólo nos perjudican a nosotros mismos, sino a nuestros hijos y al resto de la sociedad, porque les estamos enseñando una visión muy injusta de cómo tenemos que ser unos u otros por nuestro sexo.

Esta es sólo una pequeña parte de las muchas conductas sexistas, o incluso machistas, que emitimos o permitimos día a día, que recogemos en varios artículos de Bekia dedicados expresamente a la coeducación.

Si gritamos a nuestros hijos les generamos tensión e impotencia y favorecemos que repitan esa conductaSi gritamos a nuestros hijos les generamos tensión e impotencia y favorecemos que repitan esa conducta

5. Si quieres que tus hijos no beban o fumen, no lo hagas tú tampoco

Por mucho que expliquemos a nuestros hijos e hijas que tenemos hábitos que están mal y que no deben repetir, como fumar, si lo han visto desde que tienen uso de razón lo estamos naturalizando. Con el tabaco es más evidente, pero el alcohol está aún más normalizado: si comemos fuera de casa, tomamos vino; cuando estamos en casa, tomamos una cerveza de la nevera; cuando estamos celebrando algo, tomamos una copa o champán. No tenemos por qué renunciar al alcohol, pero no tenerlo como bebida habitual. Al fin y al cabo, cuando los adolescentes empiezan a tomar alcohol es cuando empiezan a intentar reafirmar que son casi adultos.

Mucho más importante en este asunto es que muchos adultos y adultas cometen la temeridad de conducir después de haber bebido alcohol, aunque sea en cantidades pequeñas. Luego les diremos a nuestros hijos que está mal, pero han visto tantas situaciones en las que sus padres o madres lo hacían que pierden el miedo al riesgo.

6. Lleva una dieta variada

Una de las cosas que los niños aprenden más pronto es que si pueden elegir comidas, no comerán las que menos les gustan. Eso lo hacemos muchas veces los adultos y generalmente ocurre que, si mostramos rechazo por un plato, estamos enseñando de manera indirecta a los niños y niñas que eso sabe mal y ya no lo querrán comer.

7. No arregles tus problemas gritando

Hay gente que tiene un carácter fuerte y que al ver que la situación no les es cómoda, se dejan llevar por la ira y comienzan a gritar. Ese hábito se puede cambiar, no es algo innato ni que se tenga que mantener toda la vida, así que no debemos excusarnos: es una manera muy fácil de causar malas relaciones con los demás y deberíamos arreglarlo. Además, si seguimos esa costumbre en casa, estamos generando tensión, y esa tensión facilita adoptar esa conducta de gritar, y en los niños igual. Será más fácil que en el futuro liberen así el enfado o la ira, por lo que es mejor no transmitirles esos patrones de comportamiento.

Debemos recordar que una persona que grita no es más fuerte ni consigue que se le respete más. Su falta de paciencia y de capacidad para afrontar las situaciones adversas es debilidad emocional, y el que no le lleven la contraria no es respeto, sino deseo de no continuar la conversación.

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