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7 valores que debes enseñar a tus hijos si practican deporte
7 valores que debes enseñar a tus hijos si practican deporte

VALORES

7 valores que debes enseñar a tus hijos si practican deporte

Los niños aprenden muchas cosas al practicar deporte, pero los padres debemos enseñarles también algunos valores.

El deporte siempre ha sido una manera fantástica de mantener a los hijos sanos tanto físicamente como psicológicamente. Competir con los compañeros tiene muchos beneficios y los niños se lo pasan bomba. Juegan, compiten y les aumenta el autoestima, etc. Todo son ventajas.

Uno de los objetivos que tiene competir en el colegio es que los niños aprenden determinados valores (compañerismo, juego en equipo, participación...) y por eso desde el colegio se anima a los chicos (sobre todo los más inquietos) a inscribirse a uno. Aunque en los equipos les van a enseñar unas normas de comportamiento y valores, no está de más que nosotros vayamos adelantando el trabajo para asegurarnos que se integra bien con sus nuevos compañeros.

Los niños deben mantener una competitividad sana, pero no anteponer el éxito al compañerismoLos niños deben mantener una competitividad sana, pero no anteponer el éxito al compañerismo

1. Respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos

Los padres tienen que enseñar a sus hijos (tanto si acaban de empezar un deporte como si llevan tiempo en el mismo) que tenemos que ser respetuosos con sus compañeros. El niño tiene que aprender como su comportamiento afecta a otros. A la hora de competir, echar en cara a los compañeros lo que se ha hecho mal es negativo, no solo para los demás si no también para uno mismo porque no nos deja ver nuestros propios fallos.

Como padres, no debermos presionales para que ganen, sino animarles para que se diviertanComo padres, no debermos presionales para que ganen, sino animarles para que se diviertan

2. Empatía

Muy unido a lo anterior. Los niños tienen que aprender lo importante que es el ponernos en la piel de los compañeros. Para ello podemos decirle cosas del estilo: ¿Cómo te sentirías tú si Fulanito se riese de tí como hiciste tú cuando falló el tiro? ¿Te sentirías bien? ¿Qué crees que pensarían los demás de ti? ¿Cómo crees que se siente ahora Fulanito? Entonces, lo que hiciste, ¿crees qué actuaste bien o mal?

3. Humildad

Los niños deben aprender a ser humildes. Por muy buenos que seamos en algo siempre va a haber alguien mejor que nosotros. En niños sobreproteguidos (y tal vez algo "consentidos") será un golpe duro de encajar al principio. Podemos allanar el terreno hablando con ellos y haciéndoles ver que el que no seas el mejor en algo no significa que seas malo y que con esfuerzo y entusiasmo se puede conseguir casi cualquier cosa.

4. No vivas a través de tu hijo

Hay algunos padres que llegan a obsesionarse con los deportes y clubes a los que pertenecen sus hijos, sobre todo si hablamos de deportes de competición. Ser exigente con tu hijo puede ser bueno en su "cierta medida" pero nunca debemos pasarnos. Hay padres que son demasiado competitivos y [quotei]El deporte es la afición de nuestro hijo, no nuestra competición[/quotei]acaban contagiando ese nerviosismo y afán de superación a su hijo. Es contraproducente. Queremos chicos que sean capaces de competir pero también de disfrutar lo que hacen. Si desde pequeños les metemos demasiada presión llegará un momento que los niños ya no verán el deporte como una "opción" si no como una "obligación".

Puede que en un futuro incluso les deje de gustar el deporte porque ya no lo disfrutan jugando, si no que se agobian más. Un ejemplo muy característico sería aquel en el que un padre apunta a su hijo a un equipo de fútbol porque le encanta ese deporte.

Tras un tiempo apuntado, descubre que su hijo es bueno y le presiona a que siga yendo, de manera que no puede saltarse un entrenamiento, no "debe" cometer fallos en los partidos, tiene que dar siempre lo máximo de si mismo... Los niños tarde o temprano se acabarán aburriendo porque notarán que les hace más ilusión a sus padres que a ellos mismos. A partir de ahí empiezan a ver otros tipo de ocios más atractivos y perderán interés por aquello que antes les atraía.

5. No le presiones

Déjale tomar sus propias decisiones. Los hijos no son una extensión nuestra y no tienen que seguir nuestros pasos. Si le decimos a un niño continuamente lo que tiene que hacer y no le dejamos tomar libremente sus decisiones estaremos criando a un niño inseguro y dependiente de los demás. Cuando el deporte, en realidad, busca lo contrario, crear niños seguros de sí mismos y autónomos. Por otro lado, otro tipo de situaciones que pueden ocurrir y que no deben pillarnos de improvisto es la alternativa de que el deporte al que hemos apuntado a nuestro hijo no le guste o quiera desapuntarse por los motivos que sean. Por muy bueno que sea en ese deporte el que tiene la última palabra va a ser él. Tener talento no te obliga a nada. Es mejor que no vaya a que vaya sin ganas (y seguramente lo acabe dejando tarde o temprano, tal vez cuando tenga más edad).

El deporte supone un aprendizaje muy beneficioso para los niñosEl deporte supone un aprendizaje muy beneficioso para los niños

6. Cambia el "¿has ganado?" por el "¿te has divertido?"

Lo que más provoca estrés a los niños que compiten es hacerlo bien y ganar para que sus padres o/y el entrenador se sientan orgullosos de él. Si nos centramos en el resultado se van a perder los valores deportivos. Es más, si ponemos demasiado énfasis en los logros de solo conseguiremos aumentar el grado de estrés del niño.

7. No te conviertas en su entrenador: ya tienen uno

Un padre nunca debería dar órdenes o directrices, para eso ya tienen al entrenador del equipo. Un padre tiene que dar apoyo incondicionall. Refuerza el esfuerzo realizado independientemente del resultado obtenido. Nunca evalúes como tu hijo ha jugado un partido y mucho menos delante de él. Podemos pedirle a nuestros hijos que se impliquen para que estén más motivados pero nunca pedirle resultados. Si el niño sabe que está siendo evaluado por sus padres se van a poner más nervioso.

Por último, recuerda que las palabras tienen un gran efecto y debemos elegir con cuidado la forma en la que nos dirigimos a los niños. Elogia al niño independientemente de que haya ganado o perdido, aunque tu opinión no coincida con la del entrenador. Asegúrate de que el pequeño entienda que en el fondo tu sabes que un partido no deja de ser un partido.

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