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Por qué el movimiento antivacunas debe acabar YA
Por qué el movimiento antivacunas debe acabar YA

VACUNAS

Por qué el movimiento antivacunas debe acabar YA

Existen algunos movimientos antivacunas, aunque están en su derecho de decidir, pueden poner en peligro a los demás.

El movimiento antivacunas comenzó siendo una minoría pero, por desgracia para la salud mundial, cada vez se le están uniendo más adeptos. Los antivacunas suponen un problema real para la salud, que debe combatirse desde el Gobierno y desde las instituciones médicas porque, de otro modo, podríamos acabar en una situación extremadamente complicada. Pese a que las vacunas suponen uno de los mayores avances contra las enfermedades, los antivacunas defienden que esto no es así, y que las vacunas son una especie de conspiración contra la salud de la sociedad.

Lo sorprendente es que, analizando los datos puramente estadísticos, podemos comprobar hasta qué punto las vacunas son positivas para nuestra sociedad. Podemos poner múltiples ejemplos de enfermedades que han desaparecido en nuestro país gracias a las vacunas, como es la viruela, la difteria o el sarampión. Pero a causa del movimiento antivacunas no se puede descartar que no vayan a aparecer de nuevo, puesto que la inmunización está desapareciendo.

¿Qué es la inmunización y por qué es tan importante?

Cuando hablamos del movimiento antivacunas y de por qué este debería erradicarse, es primordial comenzar hablando de la inmunización. Las vacunas lo que realmente hacen es permitir que aquel que la recibe sea inmune a las enfermedades y, por tanto, ni enferme ni se contagie de ella. Antes de las vacunas, la única forma que tenía una persona de hacerse inmune a una enfermedad era pasar por ella, con los riesgos que eso implicaba; no solo podía suponer su muerte, dependiendo de la enfermedad, sino también suponía nuevos contagios y más enfermos, algo que acabaría extendiéndose.

El movimiento antivacunas comenzó siendo una minoríaEl movimiento antivacunas comenzó siendo una minoría

En el momento en el que la población comienza a ser inmune a una enfermedad, porque se van implementando las vacunas, es mucho más sencillo hablar de una inmunización a nivel social. De esta forma, no solo estarían protegidos aquellos que se han puesto las vacunas, sino el resto de ciudadanos que, debido a su sistema inmunológico, son considerados miembros del grupo de riesgo. Hablamos, por ejemplo, de niños que todavía no han sido vacunados por no tener la edad necesaria, o de personas con un sistema inmunológico debilitado o dañado.

Si el movimiento antivacunas acabara triunfando, no supondría un peligro solo para todos aquellos niños cuyos padres deciden no vacunarles, sino también para todos los que no pueden ponerse las vacunas por cualquier otro motivo. Están poniendo en peligro a toda la sociedad, eliminando la inmunización social.

Los movimientos antivacunas basan sus teorías en sucesos no probadosLos movimientos antivacunas basan sus teorías en sucesos no probados

La ciencia prueba la validez de las vacunas

Los movimientos antivacunas basan sus teorías en sucesos no probados, en creencias arraigadas y, sobre todo, en conspiraciones que no han podido ser probadas. Por otro lado, la eficacia de las vacunas está más que probada a nivel científico.

Dentro de los movimientos antivacunas, encontramos a quien conspira contra las farmacéuticas, y a quien cree que hay que volver a la naturaleza, obviando los avances científicos. El problema es que personas con un corte tan diferente acaban uniéndose en este aspecto, y provocando un problema social de un alto alcance.

A día de hoy, se está hablando de siete países que podrían llegar a tener problemas debido a los movimientos antivacunas: Francia, Bosnia-Herzegovina, Rusia, Mongolia, Grecia, Japón y Ucrania. Aunque no podemos obviar que el movimiento no hace más que cobrar fuerza en países tan relevantes como Estados Unidos y, lo que es peor, apoyado por personalidades públicas como Jim Carrey, que acaban influyendo en la opinión de muchas otras personas.

No vacunarse no debería formar parte de una decisión personal, puesto que lo que está en juego no es solo la salud individual, sino la salud colectiva. No se debe obviar en ningún momento que hay un grupo de riesgo cuyo sistema inmunológico está tan debilitado que depende directamente de aquellos que sí que pueden vacunarse para erradicar la enfermedad.

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