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Mi hijo no quiere desayunar, ¿qué puedo hacer?
Mi hijo no quiere desayunar, ¿qué puedo hacer?

DESAYUNO

Mi hijo no quiere desayunar, ¿qué puedo hacer?

La hora del desayuno puede ser un auténtico calvario para los padres, ¿cómo acostumbrar a nuestros hijos a respetar esa comida tan importante?

Muchos niños no tienen hambre al levantarse y eso convierte el desayuno en un calvarioMuchos niños no tienen hambre al levantarse y eso convierte el desayuno en un calvario

Desde el punto de vista fisiológico, puede decirse que el desayuno es la primera toma de alimento desde un ayuno prolongado, como son las horas en las que nuestro cuerpo está descansando, es decir, las horas de sueño.

Una alimentación equilibrada incluye un buen desayuno, en el que se debe ingerir entre un 20 y un 25% de las calorías que se ingieren a lo largo del día. Este desayuno equilibrado debe incluir lácteos (leche, yogur, cuajada requesón, kéfir), cereales y fruta (pan, tostadas, galletas...); también puede incluirse otro tipo de alimento como derivados cárnicos o dulces, siempre en cantidades moderadas. Todo esto contribuye a un reparto de las calorías a lo largo del día desde por la mañana, además de proporcionar muchos nutrientes, importante en la fase de crecimiento y desarrollo de los hijos.

¿Qué pasa cuando nuestro hijo/a no quiere desayunar?

El desayuno aporta los nutrientes y la energía que el organismo de nuestro hijo/a necesita después de 10 ó 12 horas de ayuno, para realizar bien sus actividades diarias: el colegio, las actividades extraescolares, los juegos. Algunas de las consecuencias de no tener el hábito de desayunar son fatiga, falta de energía, decaimiento, falta de concentración o mal humor, debido al déficit de glucosa -nuestro principal combustible energético- que produce el ayuno. La falta de glucosa en la alimentación obliga a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, causando alteraciones en el funcionamiento normal orgánico. En edades escolares, esto condiciona el aprendizaje y conlleva un descenso del rendimiento, ya que capacidades como la locución o expresión, memoria, creatividad y de resolución de problemas quedan particularmente afectadas. Se puede considerar que el desayuno es un hábito alimentario que llega a condicionar el estado físico, psíquico y nutricional, pero no sólo de los niños y adolescentes, sino en personas de todas las edades.

Desayunar junto a ellos puede convertir este momento del día en algo positivo y motivadorDesayunar junto a ellos puede convertir este momento del día en algo positivo y motivador

Entre un 6-8% de los niños y adolescentes españoles no desayunan habitualmente. En especial los adolescentes, desayunan poco o mal. Muchos no tienen sensación de hambre nada más levantarse de la cama, a otros les falta tiempo para desayunar debido a las prisas de la mañana, algunos prefieren almorzar con sus amigos durante el recreo del colegio o instituto, incluso algunos lo hacen para no engordar o adelgazar. En algunos momentos puede ser debido simplemente a que se ha despertado de mal humor y por eso mismo no tiene hambre. Cuando esta situación se repite lo ideal es conocer los motivos por los que no quiere desayunar.

Nuestro hijo/a pequeño cierra la boca y tuerce la cabeza, o abre la boca y no traga. El adolescente simplemente lo deja en la mesa. ¿Qué hacer?

Educación desde el comienzo

-Muchos aprendizajes de los niños son por imitación; de ese modo es imprescindible que los hijos vean desde el primer día que sus padres desayunan.

-Desayunar con él o ella, compartir ese momento desde el principio, ayuda a establecer el hábito o rutina del desayuno, y aprende a que es algo que simplemente es así.

No obligaciones, sí consideraciones

-No obligar a comer. Cuando los hijos son pequeños muchos padres recurren al avión, la distracción, los ruegos, las promesas, las súplicas incluso las amenazas. No lograrán una solución efectiva (la de desayunar), pero sí hacer pasar un mal rato tanto a padres como a hijos.

-¿El desayuno no le gusta? En ocasiones, la negación puede deberse a que no le gusta o no le atrae lo que se ofrece para comer. Preguntarle que quiere desayunar o llevarlo al supermercado para que elija la fruta y cereales que le gustaría comer es una opción. Siempre alimentos saludables pero a su gusto.

-Autonomía. Puede motivarle poner la mesa, dejar que él mismo se sirva y que decida y tenga autonomía sobre sus gustos alimenticios.

-Ir poco a poco. Empezar por lo que mejor toleran: un vaso de leche con galletas o cereales; un batido de yogur y fruta; sólo fruta, tanto en pieza como en zumo, en macedonia o compota; un poco de pan y embutido o queso. Sin presión se irán añadiendo cosas nuevas y animándoles a probarlas.

-Cambia su percepción de la cantidad de comida. Sirve la cantidad de comida que necesita el niño en función de su edad en el plato más grande. Así, percibirá que hay poca cantidad de comida dentro del plato.

-Preparar un almuerzo que sea algo contundente para el recreo, hasta que empiece a desayunar más.

Darle cierta autonomía para escoger o preparar el desayuno puede ayudar a que le apetezca másDarle cierta autonomía para escoger o preparar el desayuno puede ayudar a que le apetezca más

Respecto al tiempo

-Tener tiempo suficiente por la mañana. Son muchas las cosas que hay que hacer antes de ir al colegio y al trabajo, pero es importante tener entre 15 y 20 minutos para desayunar. No tener prisas y estar en un ambiente relajado ayuda a reforzar este hábito alimenticio. Dejando algunas cosas preparadas la noche anterior (tazas, cucharas, fruta, café, cacao, pan...) obtenemos un poco más de tiempo para esa mañana ajetreada.

Muchos son los beneficios para nuestra salud y la de nuestros hijos al hacer un desayuno equilibrado y con una alimentación sana desde la mañana.

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