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Cómo actuar ante un hijo agresivo y no dejar crecer este problema
AGRESIVIDAD

Cómo actuar ante un hijo agresivo y no dejar crecer este problema

Te explicamos por qué pueden surgir las conductas violentas, cómo se van alimentando y qué hacer para terminar con ese problema.

La responsabilidad de la situación siempre recae en la persona que ejerce la violencia como métodoLa responsabilidad de la situación siempre recae en la persona que ejerce la violencia como método

Cuando ahondamos detrás de un chico violento normalmente encontramos a alguien con poca sensibilidad al daño que produce, bajos sentimientos de culpa y ausencia de miedo al castigo. Por miedo a las represalias, los padres apenas le reprenden por la dificultad que tiene educarle, por lo que las acciones violentas salen impunes. Los padres no se ven capaces de pararle los pies. Lo peor de todo es que los adolescentes así son un grupo de riesgo a la hora de un posible ingreso en bandas y grupos peligrosos que llevan a la agresividad. Cuando hay un acto de violencia en grupo sus miembros se sienten poderosos porque están experimentando una intensa emoción, de euforia, debido al aumento de adrenalina. Además al actuar conjuntamente la responsabilidad disminuye y las agresiones a otras personas son frecuentes.

El papel de los padres

Llegados a este punto, ¿qué papel juegan los padres en la educación de los hijos para evitar situaciones cómo estás?

Hoy en día algunos hijos son violentos con sus padres. Terminan cediendo a los chantajes de sus hijos y rindiéndose por temor o por desgaste, por no discutir. El comportamiento del padre como una víctima puede significar para el hijo un refuerzo. Incluso pueden defenderse diciendo que los culpables fueron sus padres porque les incitaron a perder el control, por no darles lo que les piden. Por ejemplo "No me dejaba salir de casa y por eso le empujé". Ante esto, hay que tener en cuenta que la responsabilidad es siempre del agresor (independientemente de su edad), ya que es él quien decide utilizar un método violento o no para solucionar los problemas.

En este sentido, los padres no son los culpables de que sus hijos sean violentos pero seguramente sí son responsables de su inmadurez o incapacidad de establecer límites a tiempo. Lógicamente, un padre no decide que su hijo sea o no violento, pero sí que puede intentar prevenir las conductas agresivas de su hijo. Si los comportamientos violentos iniciales no se controlan, ni se reprenden, ni producen consecuencias negativas, ni se dan formas alternativas de actuar más positivas para solucionar los conflictos... Estamos transmitiendo que la agresión es una forma correcta de solucionar un problema. La estamos justificando.

Si ante una situación tensa respondemos de manera violenta, nuestro hijo  reaccionará de la misma maneraSi ante una situación tensa respondemos de manera violenta, nuestro hijo reaccionará de la misma manera

¿La familia influye para que el niño se comporte con agresividad?

Evidentemente es una gran influencia, aunque no la única. La televisión, las compañías y la observación de otras personas funcionan como modelos para los niños. En el caso de la familia muchas veces contribuimos mandando mensajes que son inadecuados. Es el típico caso de un padre que le dice a su hijo que si otro niño le pega que se la devuelva. Los niños aprenden muy rápido por observación de modelos, ya sean sus padres, héroes de videojuegos, ídolos musicales o deportistas. Si además ven que con una conducta violenta el modelo consigue una recompensa (respeto, objetos, salirse con la suya...) es más probable que el niño lo imita en el futuro.

Para que esto pase el niño tiene que identificarse de algún modo con el modelo y estar de acuerdo en su forma de actuar. Esto explica las diferencias entre niños, el por qué un mismo programa puede producir agresividad en unos y no en otros.

Los padres son un modelo para su hijo. Si no sabes manejar la tensión y los conflictos en el hogar no esperes que tu hijo lo haga. Si te dejas arrastrar por la ira y usas la violencia él terminará haciendo lo mismo, se defenderá de la misma manera en la que tú le atacas. Es importante marcar desde pequeño los límites que nunca debe sobrepasar y en el caso de que lo haga cuales serían las consecuencias que conllevarían. A su vez tienes que dedicarle un tiempo a enseñarle cómo expresar su enfado y emociones de una manera adecuada.

¿Qué puedo hacer si mi hijo entra en una etapa agresiva?

Como psicóloga, lo que os recomiendo es:

- No le niegues sus emociones. Si está enfadado que lo exprese. Eso sí, que lo haga con palabras. Escucha lo que tenga que decir pero que se "exprese con palabras".

- Si recurres a la violencia y lo usas como castigo cuando te enfadas, va a aprender a pegar de la misma manera que haces tú con él.

- Si se niega a colaborar y es agresivo, mándale a su habitación hasta que se calme, sin televisión, ordenador, consola, etc. No entres en el cuarto hasta que se haya calmado totalmente y haya pasado un buen rato. En el caso de ser pequeño no entres hasta que haya dejado de gritar/llorar. No podemos permitirnos darle atención porque en otra situación parecida volverá a hacer lo mismo.

- En el caso de una pelea de hermanos, una vez que haya pasado la fase de acaloramiento invítale a que pida perdón y que les diga algo positivo. Lo último que queremos es que su comportamiento agresivo le salga gratuito.

Qué hacer en un cara a cara

Las madres suelen ser las que más aguantan los ataques de agresividad de sus hijos. Normalmente los niños o adolescentes se cargan de frustración por un acontecimiento que comenzó en el exterior (problemas con amigos, profesores...) y se descargan con la persona más cercana que les exige algo. A veces las madres se acostumbran a esta situación. No debe de pasar nunca, no podemos dejar pasar un acto de agresividad.

Cuando notes que tu hijo empieza a acalorarse haz lo siguiente:

1. Primero identifica por qué tu hijo está enfadado y hazle entender que lo comprendes.

Desde que son pequeños debemos reprender cualquier acto violento de nuestro hijoDesde que son pequeños debemos reprender cualquier acto violento de nuestro hijo

2. Intenta no tomártelo como algo personal y escucha atentamente. Pídele que detalle. Ten una actitud tolerante y abierta sobre los motivos que puedan existir de su enfado. Recuerda que si las normas en casa son justas los preadolescentes suelen respetarlas. Si las normas son demasiado exigentes los niños tenderán a discutir más y quizá deberías plantearte el flexibilizar la norma.

3. No alces la voz porque estás dándole una excusa perfecta para que él haga lo mismo contigo. Habla con voz tranquila y busca posibles vías de solución. Si aun así sigue alterado dile tranquilamente: "Veo que te estás poniendo nervioso (o violento) y así no vamos a llegar a ninguna parte, así que me voy a ir. Cuando te calmes podemos seguir hablando. Hasta entonces no." Y márchate de la habitación.

4. Después de la discusión exprésale cómo te has sentido y dile que en un futuro para volver a escucharle tendrá que dirigirse con otro tono y forma de hablar contigo.

5. Si estáis en un lugar público dile que quieres continuar la conversación en un lugar privado en el que podáis hablar las cosas con calma. Si aun así no te hace caso (sigue gritando o arma un espectáculo), repite el punto 3 y márchate del lugar.

6. Por último y no menos importante: si notas que este tipo de situaciones se te va de las manos y que cada vez va a peor, no lo dejes pasar. Ve a un psicólogo, sobre todo en niños de primaria. Es muy importante que aprenda a controlar la agresividad antes de pasar a secundaria. Los adolescentes se enfrentan a un montón de situaciones y conflictos que tendrán que resolver y es importante que lleguen con un mínimo de normas y habilidades que le ayuden a controlar sus emociones.

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