DAR ÓRDENES

Niños desobedientes: cómo mandar a tus hijos

Saber dar órdenes y conseguir que nuestros hijos nos obedezcan es una de las tareas más complicadas para los padres, sigue nuestros consejos para hacerlo con éxito.

Padre regañando a un hijo desobediente
Saber cuándo y cómo regañar a un niño desobediente no es fácil

El tema de la obediencia en el seno familiar no es tan simple como parece. Lo convencional e ideal sería: padres que mandan e hijos que obedecen, sin embargo, esto hay que matizarlo.

Lo primero que hay que considerar es que por lógica a nadie le gusta obedecer, si eso implica realizar una o varias acciones que no nos agradan. De ahí deberíamos comprender que cuando los padres ordenan algo a sus hijos, éstos tiendan a desobedecer porque les apetece más hacer otras tareas de su agrado.

Esto nos pasa a todos y, por tanto, deberíamos de aceptar los hechos, sin asustarnos ni enfadarnos por ello. Otra cosa diferente es que no cumplan porque no les apetece.

En segundo lugar, sería oportuno exponer que la obediencia es la principal área en la que, de hecho y sin quererlo, se trata de dejar claro quién tiene el poder. Los padres tratan de hacerlo a través de las órdenes y los hijos intentan negarse, dando a entender que ellos también tienen sus razones. En esta lucha, como en todas, unos y otros tratarán de imponer su dominio.

En el extremo, están aquellos padres que se exceden imponiendo sus normas, e hijos que imponen también sus apetencias. Aunque no lo parezca, éstos últimos no mandan con voces ni imposiciones pero sí saliéndose con la suya, o ¿acaso eso no es mandar?

Cómo mandar a los niños


El cómo manejar la obediencia es algo que trae de cabeza a gran parte de padres que plantean que sus hijos no les hacen caso.

Es normal que los niños no obedezcan, tenemos que comprenderles
En la educación y en la convivencia es preciso que alguno lleve la responsabilidad de la organización de la vida en familia, que alguien ponga orden para que todo marche lo mejor posible. De ello deriva el que los padres sean los que dan las órdenes para que los hijos las cumplan; además, respetarlas es una preparación para la vida.

Es bueno que los hijos obedezcan, pero el adulto debe reflexionar sobre la forma que tiene de mandar y la cantidad de órdenes que emite.

Lo más recomendable es dar pocas órdenes al mismo tiempo y mirando a los ojos a sus hijos.

Hay que asegurarse de que los niños comprenden las órdenes porque sino difícilmente las podrán cumplir. Sin darles voces, sin pegar y tranquilamente. Cuando los padres mandan deben de asegurarse de que las órdenes han sido claras, breves y perfectamente entendidas. De esa forma, es posible que los niños se enteren y lo hagan, si esto es así conviene reforzar ese tipo de comportamientos.

Si no obedece, se repetirán las órdenes una segunda vez. Nunca se debe repetir varias veces lo mismo, porque se suele acabar a voces y disgustados. También se le puede advertir que se le retirará algo que sea de su agrado si no realiza lo que, en ese momento, se le está pidiendo.

Otra recomendación sería el uso de "por favor". Mejor mandar empleando la expresión "por favor", en vez de imperativamente, puesto que con la primera conseguiremos con mayor premura la colaboración ajena.

Hay que ser firmes pero educados a la hora de mandar a los niños
La forma imperativa provoca mayor resistencia, de entrada, y sólo debería de usarse cuando la fórmula de cortesía no ha resultado efectiva.

Importante también es razonar el mandato, para asegurarnos la colaboración, una menor resistencia y mejor obediencia al entenderlo. En definitiva, hay que tratar de convencer sin ser pesados y repetitivos y sin sermones que cansan.

Reflexiones sobre las órdenes de los padres


Llegados a este punto, debemos recordar que cuando los padres ordenan es para que sus hijos cumplan normas familiares o las que impone la sociedad, ya que eso es lo mejor para su formación y para la organización y convivencia familiares.

Muy importante es la cuestión de que hay que mandar con cariño, educación, cortesía, con buenas maneras y asegurándose de que se ha entendido el mensaje, y que todo ello no está reñido con mandar con energía, seriedad y firmeza.

Como padres debemos evitar, en la medida de lo posible, la rutina de repetir las cosas en numerosas ocasiones, haciendo un gasto inútil de energía para acabar teniendo que imponerse a gritos.

También hay que considerar como apropiado la oportunidad de las órdenes. Es decir, hay cosas que pueden esperar. Quizás la orden puede ser dada después de que el niño termine algo con lo que está disfrutando, así estará más receptivo que si lo interrumpimos.

No se trata de que obedezcan cuándo, cómo y en lo que el adulto quiere en todo momento. O ¿acaso es de suma importancia que recoja sus juguetes cuando está leyendo su libro preferido? Se podría esperar, perfectamente, a que acabe, si con ello hay más probabilidad de que haga lo que se le está pidiendo.

Madre regaña a su hijo
Una madre reprime a su hijo
Otro consejo respecto a este tema sería el "no mandar por mandar". No dar órdenes intrascendentes e innecesarias. Muchas veces son nimiedades que es mejor olvidarse de ellas. Las órdenes verdaderamente secundarias es mejor no darlas.

Tener en cuenta siempre que para ordenar se debería de medir la procedencia del momento y el estado en que se encuentra quien recibe la orden, y esto requiere mucha atención y control por nuestra parte.

Hay que mentalizarse de que es cuestión de paciencia hasta que se consiguen los resultados deseados. De todos es conocido que los padres están para decir lo que hay que hacer y los hijos para seguir su propio ritmo. Si nos extrañamos por ello, surgirá la tensión, el desgaste y puede que, sin justificación, uno se sienta fracasado como padre, en ciertos momentos.

Así pues, los padres se deben de acostumbrar a pensar antes de mandar, en la forma más apropiada de hacerlo, en la oportunidad y en cómo entrar mejor para aumentar la probabilidad de ser obedecidos. Esto es mejor que imponer la autoridad. Pero si el caso lo requiere, se hace y punto, porque no debemos de olvidar que ciertas cosas se deben de hacer sin más porque lo exige la circunstancia.

No hay que vivir obsesionados con cuidar exquisitamente el momento ni andar con pies de plomo con lo niños, no sea que se molesten. Una cosa es procurar buscar el momento más oportuno y otra muy diferente no poder dar una orden sin valoración y análisis previo.
¡Sería la historia interminable!
Cecilia Granda Muñiz Jueves, 26 de Abril de 2012
 
 
 
 
 

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