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Por qué no vacunar a tus hijos afecta al resto de los niños
Por qué no vacunar a tus hijos afecta al resto de los niños

VACUNAS

Por qué no vacunar a tus hijos afecta al resto de los niños

El miedo a los posibles efectos a las vacunas en niños está ocasionando que se incrementen los casos de enfermedades que estaban controladas.

Últimamente se está dando entre los padres una tendencia, cuanto menos absurda, de no vacunar a sus hijos. Parece una locura, pero, sí, esto se hace y, es más, se defiende fehacientemente y con orgullo.

Lo más irónico de todo, es que muchos padres que defienden esta postura, alegan que es cierto que las vacunas han ayudado a proteger la salud de las personas ante numerosos brotes epidémicos que se han desarrollado a través de la historia, pero aun así, se preguntan si realmente es necesario exponer a sus hijos a este terrible pinchazo.

¿Por qué ha surgido esta tendencia anti-vacunas?

Muchas de las razones por las que abogan por no vacunar a los niños se deben a falta de información y creencias no contrastadas por médicos y expertos en salud infantil. Principalmente, se centran en que desconocen los efectos secundarios que las vacunas pueden tener en la salud de sus hijos. Además, los niños tienen que enfrentarse a este proceso en repetidas ocasiones hasta la llegada de la adolescencia, por lo que este supuesto riesgo de "no sé qué le están metiendo a mi hijo en el cuerpo" se multiplica.

Por otro lado, muchos defienden que las vacunas que les inyectan a los niños no les va a proteger ante ningún riesgo de contagio, pues las enfermedades a las que intentamos hacer frente ya no existen. Esto es un falso mito. Las enfermedades por las que vacunamos a los niños sí existen, no están erradicadas, lo que sucede es que han logrado controlarse y evitar que sean frecuentes hoy en día en los países desarrollados. ¿Gracias a qué? Exacto, a las vacunas.

Las vacunas evitan que haya brotes de enfermedades entre los niñosLas vacunas evitan que haya brotes de enfermedades entre los niños

Para más inri, hemos llegado a escuchar que invertir dinero en vacunar a los niños es un gasto innecesario por parte del gobierno. Es decir, que ese dinero que se destina en vacunas, podría utilizarse para algo más útil. ¿Algo más útil que la salud? Poco hay que comentar sobre esto. Una ya se espera cualquier cosa. Solo diremos que, si ya de por sí nuestro gobierno invierte poco en la salud pública, imaginemos que ahora llegan y nos quitan las vacunas.

Precisamente, si estas enfermedades no se han erradicado aún y siguen surgiendo brotes esporádicos es porque a los países subdesarrollados, hacia los que no queremos mirar, no se les destina dinero para que puedan vacunar a su población.

La última de las razones que hemos escuchado por parte de los religiosos de la "no vacunación" es que vacunar no protege del todo ante otras enfermedades. Esto es cierto y, precisamente por esto, es por lo que debemos vacunar a los niños. Si ya de por sí los más pequeños tienen un sistema inmunológico que no se ha terminado de desarrollar aún, por lo que son más propensos al contagio de enfermedades, pensemos en que este pequeño campo de defensas está aún más desprotegido por no estar vacunado.

Por mucho que todos los niños menos uno de una guardería entera estén vacunados, basta con que uno solo no lo esté para que, si sufre el contagio de alguna enfermedad, surja rápidamente un brote entre un grupo de niños. Las vacunas no les protegen al 100% de no contraer enfermedades, tan solo disminuyen el riesgo de contagio. Seamos coherentes y responsables, no está solo en juego la salud de nuestros hijos, sino la de todos los niños que se encuentren a su alrededor.

Definitivamente, los niños que no están vacunados no tienen un sistema inmunológico más fuerte que los que no lo están. Las vacunas no tienen casi efectos secundarios y, por supuesto, uno de ellos no es resentir las defensas de nuestro cuerpo. La razón por la que los niños no vacunados no se ponen malos es, simplemente, porque están rodeados de niños que sí lo están.

Intentemos por un segundo meternos en el cerebro de estas personas. Vamos a partir de la premisa de que he decidido no vacunar a mi hijo de absolutamente nada para que su sistema inmunológico no se acostumbre a los fármacos y no vea disminuida su resistencia. Bien, pues como las defensas del niño son Batman, metámosle en un laboratorio de bioseguridad nivel 4 y dejémosle jugar con viales de viruela y ébola. Total, si gracias a la decisión de no vacunar a mi hijo he logrado que su sistema inmunológico tenga superpoderes.

Las vacunas no merman la salud de los niños ni su sistema inmunitarioLas vacunas no merman la salud de los niños ni su sistema inmunitario

No existe razón lógica para no vacunarnos

No entiendo qué necesitamos para ser totalmente conscientes de lo imprescindible que resulta vacunar a los niños y del enorme riesgo que conlleva tomar la postura opuesta. En mi opinión, con un poco de sentido común debería ser suficiente, pero la poca información y los bulos contra las vacunas han creado esta tendencia que ha llegado a tener consecuencias atroces.

Para tener un claro ejemplo de lo que puede suceder si decidimos no vacunar a nuestros hijos, simplemente tenemos que remontarnos al caso de hace un par de años del niño de tan solo seis años que falleció en el hospital Vall d'Hebron de Barcelona tras llevar ingresado un mes por haber contraído la difteria. Recordemos que no se producía un brote de esta enfermedad desde 1987.

Si ya de por sí el caso es terrible, imaginemos lo que hubiera pasado si hubiese contagiado a otros niños. A fin de cuentas, son niños, todos comparten y tocan los juguetes de todos. El riesgo a sufrir contagio por parte de los otros niños era enorme.

Esta es la razón por la que hay que vacunar siempre a nuestros hijos. Ya no se trata de asegurarnos que nuestros pequeños tengan mucho menor riesgo de contraer cualquier virus o bacteria. Da igual que pensemos que está erradicada, no va a contagiársele porque no se sabe nada de la enfermedad desde hace muchos años o, simplemente, porque tendemos a pensar que estas cosas terribles les suceden a otros y lo vemos como una historia de ficción, pero no, esto es real. Las enfermedades son reales y el riesgo a que tanto nosotros como nuestros hijos se contagien, también lo son. Seamos responsables, vacunémonos y no pongamos en riesgo nuestra salud y la de todos los que nos rodean.

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