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Cuando los niños tienen miedos y preocupaciones que no son normales en su edad
Cuando los niños tienen miedos y preocupaciones que no son normales en su edad
PSICOLOGÍA

Cuando los niños tienen miedos y preocupaciones que no son normales en su edad

Es normal que los niños tengan miedos, pero hay casos en los que no se adecuan bien a su edad, ¿qué es lo que está ocurriendo y cómo podemos intervenir?

¿Son normales los miedos de mis hijos? Todos tenemos nuestros miedos, claro está. Sobre todo cuando somos pequeños el mundo nos da muchísimo miedo porque hay millones de cosas que desconocemos y la imaginación de los pequeños se dispara. Las cosas se exageran y se viven de una forma más angustiosa.

De esta manera, una gran parte de los niños tienen miedo a la oscuridad, a los monstruos, a los fantasmas, ovnis, etc. Son totalmente normales, ¿quién no tendría miedo a un fantasma si supiésemos que realmente existen? Por otro lado, también hay miedos comunes no relacionados con objetos: miedo a las alturas, a la sangre, a los espacios cerrados, a cierto tipo de animales (el miedo a las arañas es un clásico). Si tu hijo presenta uno de esos miedos ¡enhorabuena! ¡estás ante un niño normal y corriente! Es más sano que tu hijo tenga algún que otro miedo a que carezca de él. Sin embargo, hay veces en que los niños presentan temores que no son normales para su edad. Hablamos de preocupaciones extrañas y obsesiones que otros niños nunca llegarían a plantearse. Miedo (o preocupaciones obsesivas) a la enfermedad, a las guerras, a contaminarse, sobre si uno mismo es bueno o no... En definitiva, esos miedos a veces se exageran hasta llegar al punto de ser patológicos para quienes lo sufren. Cuando esto ocurre nos encontramos ante un niño temeroso y que vive con una angustia continua, difícil de calmar, por mucho que los padres lo intenten.

Qué es normal y qué no lo es

Los miedos normales son los relativos a la oscuridad, algunos animales, situaciones desagradables, monstruos, fantasmas... y todo tipo de miedos infantiles en los que la imaginación juega un papel importante. Estos miedos tienen fácil solución aunque lo más fácil es prevenirlos para que no lleguen a convertirse en una auténtica fobia. Aquí los padres juegan un papel preventivo importante. Por ejemplo, imagínate que vas a casa de un amigo que tiene un gato de mascota, y tu hijo es arañado por ese gato, seguramente desarrollará miedo y cuando en un futuro se encuentre con otro gato en casa de alguien querrá evitarlo. En ese momento los padres pueden actuar de dos maneras. La primera es alejándole del gato rápidamente, impidiendo que se le acerque. De esta manera solo se conseguirá perpetuar el miedo, ya que el niño no tendrá la oportunidad de experienciar las consecuencias de enfrentarse a un estímulo que le produce temor, su imaginación le hará pensar que las consecuencias son aun peores de lo que pensaba en un principio.

Es sano y normal que un niño tenga miedos, pero no obsesiones con temas propios de adultosEs sano y normal que un niño tenga miedos, pero no obsesiones con temas propios de adultos

En la segunda forma los padres no hacen nada, solo tranquilizan al niño diciéndole que no todos los gatos son iguales. Esta actuación evitará que el miedo del niño vaya a más porque tendrá la oportunidad de enfrentarse a ese estímulo negativo y que viva por sí mismo las consecuencias, al ver que no son tan malas como se había imaginado su ansiedad se irá reduciendo poco a poco.

Otros puntos a considerar para ver si son miedos normales o patológicos son los siguientes:

- El miedo es tal que el niño está continuamente pensando en ello, vive obsesionado y obsesionado con eso que le produce pavor (no habla de otra cosa, saca cada poco el tema de conversación, justifica sus acciones con eso...).

- El niño asegura que no tiene miedo (aunque nosotros lo sospechamos) pero cuando se va a dormir se despierta con terrores nocturnos o/y pesadillas. Esto ocurre con miedos de los que no habla durante el día pero que sigue sintiendo. Suele pasar en niños cuyos padres se han burlado de él en el pasado cuando les habían contado sus temores. Son miedos reprimidos que salen durante el sueño, porque aunque no lo verbalicen siguen pensando en ellos.

- El miedo que siente es tal que se queda bloqueado, como si no estuviese ahí.

En estos casos es importante pedir ayuda porque en ese estado es casi como si no estuviese presente, en realidad no estaría vivenciando la situación porque desconecta de la realidad. Tenemos que impedir que desconecte para que pueda enfrentarse a sus miedos y superarlos.

- Por último pero no menos importante, cuando el niño no tiene miedo a nada hay que ser cauteloso porque nos encontramos ante una situación incluso más peligrosa que las anteriores. Si en el niño hay una ausencia total de miedo no es capaz de diferenciar las situaciones peligrosas de las normales se expone al peligro sin ser totalmente consciente de las consecuencias.

¿Y qué hay de las preocupaciones?

¿Podrían ser las preocupaciones de los niños un motivo de alarma? Pues depende del tipo de preocupaciones. Las hay normales, como la preocupación ante un examen, un niño que se rió de él en el recreo o la preocupación de si ganará el partido del viernes. En estos casos estamos hablando de preocupaciones concretas del niño ante estímulos determinados en el tiempo, es decir, tienen un inicio y un final. Suelen desaparecer cuando el elemento que lo produjo también lo hacen.

Hay niños que desarrollan una gran preocupación por la muerte y la enfermedadHay niños que desarrollan una gran preocupación por la muerte y la enfermedad

Por otro lado, hay preocupaciones obsesivas (también llamadas obsesiones) que dejan de ser normales cuando el niño las repite continuamente. Por ejemplo, seguir un cierto ritual al vestirse u ordenar sus coches sin jugar con ellos, o lavarse las manos tras tocar un juguete o atarse los cordones pueden llegar a ser manías que acaban desapareciendo al entrar en la adolescencia. Sin embargo, si el niño llora desconsoladamente cuando se le descolocan los coches o se le impide lavarse las manos puede ser motivo de preocupación.

Otras preocupaciones que no son normales para la infancia son las relacionadas con que se está enfermo, que él o sus seres queridos se van a morir o preocupaciones constantes sobre el mundo (guerras, muerte, medio ambiente). En estos casos tenemos que estar atentos y llevar a nuestros hijos a un psicólogo para que pueda determinar si hay algo patológico en esta situación, quizá no sea nada, pero puede que también nos encontremos ante un caso de ansiedad generalizada. Se trata de niños que se encuentran preocupados continuamente por todo, hasta llegar al punto en que no disfrutan de la vida y les impide seguir sus rutinas diarias.

En definitiva, los padres tienen que estar atentos si sospechan que sus hijos hacen comportamientos de este estilo, la mejor solución es ir a un psicólogo y salir de dudas. Puede que no sea nada importante o el comienzo de algo que podría ser peligroso. Al menos si vais os quedaréis más tranquilos porque ya sabréis como proceder a continuación con el fin de mejorar la situación.

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